Como esos productos que vuelven por temporadas, desde hace unos días nos quieren vender una solución mágica para resolver la (in)seguridad. ¿Comprarías algo que no soluciona el problema?

El 2018 arrancó al ritmo de la campaña comunicacional. En un año con ausencia de elecciones generales parece que la intención política del gobierno nacional apuntará directamente a la opinión pública.

Luego de constatar con sus propias mediciones la caída en la imagen positiva del presidente y de su gestión, Cambiemos decidió arremeter con una campaña que toca una fibra sensible de las clases medias nacionales.

A pesar de que el hecho en cuestión sucedió el 8 de diciembre de 2017, utilizando la excusa de la decisión judicial del procesamiento al policía Chocobar se puso en funcionamiento una campaña de marketing para vender un nuevo viejo producto: “está bien matar a los supuestos pibes chorros”.

Tres pasos tiene la campaña:

Durante ese desarrollo discursivo los funcionarios del alto rango repiten inexactitudes y errores a granel.

El error más grosero es el esgrimido por la ministra Bullrich cuando dice “vamos a invertir la carga de la prueba. Hasta ahora, el policía que estaba en un enfrentamiento iba preso. Nosotros estamos cambiando la doctrina y hay jueces que no lo entienden”, solo hace falta leer los informes anuales de la CORREPI -que ningún funcionario de los últimos 10 años a podido refutar- o recorrer las comisarías y cárceles de todo el país para comprobar lo distante de la realidad de la afirmación.

Pero los errores resultan ser lo menos importante. Ya que en estos errores discursivos no está la centralidad del asunto.

El eje está puesto en dos elementos que vuelven una y otra vez al escenario mediático y social cuando el poder los necesita.

Uno es la demagogia punitiva, que consiste en creer que el delito se resuelve matando delincuentes, la opinión pública cree lo mismo, los gobernantes -de toda estirpe- dicen lo que la gente quiere escuchar, las fuerzas de seguridad endurecen su accionar y la cosa sigue empeorando.

Para luego enfocarse en el otro elemento central, intentar volver legal algo actualmente ilegal con el solo argumento de que “la gente lo pide”.

Duran Barba lo dice textual “la gente pide que se reprima brutalmente a los delincuentes, yo no estoy de acuerdo con eso, pero hemos hecho encuestas en la Argentina, en México, en Ecuador, y la inmensa mayoría quiere la pena de muerte. Yo me opongo a eso totalmente”.

¿Esa descripción es real? Muy probable que lo sea. Inicialmente, resulta de una gravedad inusitada que la dirigencia política vaya detrás de lo que la gente pide. Y mucho mas en momentos donde la opinión pública resulta de fácil manipulación.

Pero independientemente de estar o no de acuerdo con matar como solución a la delincuencia, o de que sea lo que la gente pide, lo central es que matar no resuelve el problema. Y más aún, aumentar las penas tampoco resuelve el problema.

Estamos discutiendo una solución que no es solución.

En realidad nos obligan a subirnos a un debate ficticio. No hay tal debate, hay una campaña para vender mano dura, si la opinión pública la compra, entonces habrá -más- mano dura.

En este marco, la responsabilidad recae en el alcance y la incidencia que puedan lograr aquellos que consideran que todas estas medidas no resuelven el problema.

Un problema real y complejo que la sociedad toda no sabe como abordar y que sigue desarrollándose día a día tomando como víctimas a los mismos de siempre: pibes pobres de barrios populares, expulsados primero por el sistema educativo, luego por el sistema económico y que terminan atrapados, mediante las adicciones, en el mundo del delito organizado hasta que mueren por acción u omisión del mismo Estado que los abandona.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre