Datos falsos, rumores como noticias, exposición innecesaria y una carrera por la primicia que borra las prácticas periodísticas profesionales de un plumazo. Un repaso por los medios locales y su forma de cubrir la desaparición de una niña.

¿Qué debe hacer la sociedad para buscar una persona que no se conoce donde está? Parece que pocos lo saben. Que usted que está en su casa tomando mates o está camino al trabajo en el colectivo no lo sepa, vaya y pase. Que casi todos los medios de comunicación locales no lo sepan, eso ya es un poco más problemático. Que las personas encargadas de ocupar las funciones de gobierno local tampoco, ya configura un cuadro bastante preocupante.

En este medio es habitual encontrar miradas sobre las responsabilidades políticas y ensayos que intentan reflexionar sobre el comportamiento social ante casos como estos.

Sin embargo, no es común hallar miradas críticas sobre la cobertura mediática que diarios, portales y radios de la ciudad realizan sobre casos sensibles como el de los últimos días; durante los cuales una niña se fuga de su casa y no se conoce su paradero hasta que doce días después la familia confirma que se encontraba en un barrio de la Ciudad de Buenos Aires.

Este tipo de repaso busca ser útil para acercarnos a comprender por qué las malas formas de la comunicación aportan a la desinformación generalizada y sobre cuáles son deberes y obligaciones a la hora de buscar una niña o niño que se ausenta de su hogar, tanto si se trata de una fuga voluntaria o contra su voluntad.

Foto: Julieta Brancatto

El contexto nos marca los límites

En primer lugar, los medios de comunicación local no escapan a un fenómeno mundial: se han corrido de su función social. Casi todos se constituyen como empresas o pequeñas empresas, con el consecuente fin de lucro que tiene cualquier negocio.

Esto no sería algo negativo en sí mismo, si no fuera porque en el camino de la búsqueda del lucro, han dejado de lado las prácticas profesionales del periodismo más básico.

La noticia ha tomado la entidad de cualquier otra mercancía que se compra y se vende en el mercado, con la particularidad de ser un producto que cotiza para ciertos sectores de intereses. Cotiza bien cuando se habla bien de ellos y cotiza muy mal cuando se los investiga y denuncia.

Este contexto produce lesiones a la función social del periodismo tanto como a la libertad de expresión y la pluralidad de voces.

El panorama se traduce, de manera concreta en lo local, en publicaciones sin estar en el lugar de lo hechos ni hablar con los protagonistas, tomando fuentes únicas sin contrastar datos, exponiendo información que no aporta a la búsqueda y estigmatiza a la víctima y su familia o directamente publicando rumores como información.

Esto puede parecer una discusión del mundo periodístico, pero resulta de vital importancia porque en ella reside la diferencia entre la veracidad y la publicación de datos erróneos y por consecuente información falsa.

Foto: Julieta Brancatto

Para muestra sólo hace falta un botón

Pocas horas previas a la última movilización que exigía la aparición de la menor y que el gobierno municipal se haga cargo de su búsqueda, uno de los portales de noticias locales más leídos publica una nota con datos de una llamada que nunca fue confirmada por fuentes confiables.

Por otro lado, a los minutos de conocida la noticia que la menor se encontraba a salvo, una radio local publica en su página web el audio de una charla privada con la madre de la niña sin siquiera avisarle que se la está grabando y que ese audio será publicado.

Durante los primeros dos días, las horas más sensibles para hallar a una persona, se informó sobre una pista basada en un video de la terminal de ómnibus de Luján que luego se supo que no correspondía a la menor buscada. Ningún medio rectificó la información, las notas siguen allí intactas.

Prácticamente toda la cobertura mediática incorpora variedad de datos que exponen a la víctima y su familia y que son innecesarios a la hora de informar sobre lo sucedido y aportar a que se la encuentre.

Estos ejemplos sirven para ver tan solo algunas de las prácticas que el periodismo ejerce día a día y que, como históricamente ha reinado un corporativismo en el sector, no se acostumbra señalar.

Lamentablemente por una primicia se cometen variedad de errores que erosionan la confianza y credibilidad, no sólo de tal o cual medio, sino de la tarea periodística toda.

Foto: Julieta Brancatto

Responsabilidades compartidas

Este contexto problemático se complementa con la ausencia total de información oficial. La gestión de gobierno local no puso a disposición una sola de las herramientas con las que cuenta para ayudar en la búsqueda. Tampoco dotaron a los medios con información oficial que ayude a comunicar a la población sobre cómo actuar en estos casos.

Ni un solo peso, ni recurso, ni herramienta para encontrar una ciudadana de la cual no se conocía su paradero.

De esta manera se despliega un sistema de responsabilidades compartidas: el gobierno local con inacción y desinformación, los medios de la ciudad con coberturas que, por un lado no recuperan la problemática social que atraviesa el caso y al mismo tiempo brindan información confusa o falsa, acompañadas de datos que exponen a la menor y su familia y que no aportan al objetivo central: su aparición sana y salva.

¿Cuál es el resultado de este panorama?

Como en variedad de casos locales, provinciales y nacionales los mecanismos institucionales y mediáticos no parecen estar a la altura de las circunstancias.

La propia familia, quien vivió una situación de vulnerabilidad extrema, el accionar de la sociedad civil, vecinos y organizaciones se convierten en actores obligados reemplazando a quienes con mayor responsabilidad no dan las respuestas necesarias: brindar información certera y responsable en la difusión de la problemática.

Desde hace varios años se vienen desarrollando drásticos cambios sociales que no se ven reflejados en la mayoría de los abordajes informativos y gubernamentales sobre las problemáticas vinculadas con la violencia hacia las mujeres.

Los medios de comunicación, cualquiera sea nuestro tamaño o fin último, tenemos una responsabilidad insoslayable a la hora de brindar información con perspectiva de géneros, de calidad, con rigor y veracidad.

En ese camino contamos con variedad de recursos creados por diversos organismos como la “Guía para el tratamiento mediático responsable de casos de violencia contra las mujeres” elaborada por la Defensoría del Público de la Nación, la “Guía para periodistxs: Comunicación, infancia y adolescencia con perspectiva de géneros” de UNICEF o el “Manual de Género para Periodistas: Recomendaciones básicas para el ejercicio del periodismo con enfoque de género” desarrollado por la UNESCO para América Latina y el Caribe.

En momentos en los que campañas de noticias falsas pueden torcer una elección en un país del primer mundo parece utópico preocuparse por la calidad periodística e informativa de una pequeña ciudad bonaerense.

Parece utópico y quizá lo sea, pero no por ello deja de ser urgente y necesario señalarlo para que los medios dejen de ser parte del problema y comiencen a ser parte de la solución.

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