Algunos memoriosos recordarán este estribillo, allá lejos en aquella patria adolescente de mediados de los ochenta, que nos invitaba a recordar y rechazar ecos bastante audibles todavía, de la dictadura cívico-militar. Felizmente llevamos ya casi 40 años de Democracia, no sin sobresaltos y deudas pero este estribillo hoy es de mucha actualidad.

Hace algunas semanas comenzó un fenómeno muy interesante que parece llevarnos en la máquina del tiempo a los años 70, momentos en donde la capacidad subjetiva de expresar sentires y pensares estaba recluida por lo general, al espacio íntimo familiar o al de la segura amistad.

La manifestación social era una quimera y el ingenio criollo desembarcó en las tribunas futboleras. Allí la masa “sin cuerpo pero con corporeidad” (trayendo a Osvaldo Soriano) podía lograr el ansiado grito catártico, esa expresión de las tripas que solo llega cuando te sentís realmente mal y te amordazan el corazón.

Poder leer el discurso social es vital, sobre todo, cuando “lo instituyente toma nuevas formas y se hace audible en la pasión cotidiana de una cancha de fútbol”, según palabras de un habilidoso intelectual como  E. Pichon Riviere.

Sabemos que la grieta en nuestra sociedad tiene, al igual que los gatos del fanático cuervo Soriano, 7 vidas. Y utiliza todo lugar para expresarse por lo que el fútbol no se le escapa. Los cánticos contra el presidente fueron entonados por primera vez en el partido Boca – San Lorenzo. No era para menos, por un lado se encontraban los fervientes azulgranas de Tinelli y el Papa; y por el otro la santísima trinidad bostera de Macri, Angelici y el Chiqui Tapia.

Luego se cantó en ambos coliseos de Avellaneda; Independiente y Racing. Hasta ese momento podríamos pensar que era simplemente fútbol y teorías conspirativas que denunciaban un amplio favoritismo hacia Boca. Siguiendo esa línea, por razones obvias entonces los cantos eran promovidos por barras bravas que se quedan sin negocios o algunos lo atribuían al largo brazo de sindicalistas preocupados por no ir presos.

Pero el canto soltó amarras y como dice Victor Heredia, “cuando cantan tu canción en la cancha ya no es tuya, es de todos”.

En estos últimos días se escuchan los cantitos, en cines, en teatros, en centros culturales y hasta en un micro rumbo a Córdoba. “Sí señora, es verdad, aunque usted no lo crea…” le dije a una señora en la cola del supermercado, mientras analizábamos el alza de precios.

¿Qué pasó de octubre a febrero? Inflación, aumentos de precios de comestibles, aumentos en el transporte, aumento de servicios públicos, despidos, conductas poco éticas de funcionarios y el clásico ajuste pendular al que nos tienen acostumbrados los políticos rioplatenses.

Todo esto confluye a mi humilde entender, en dos realidades. La primera es que, a esta altura de los acontecimientos, no existen teorías conspirativas o manos negras que fogonea el malestar. Y la que sigue reside en que ese malestar comienza a hacerse visible, ya que gran parte de los propios votantes del presidente, están bastante desencantados con su accionar.

Pero ojo, a no entusiasmarse porque el gobierno tiene todavía resto ya que ese malestar no confluye en ninguna otra fuerza política y mucho menos en oxidados y oxidadas dirigentes. El malestar por sí solo, nunca alcanza para transformar la realidad.

Históricamente el ser humano recurrió a las artes para expresar lo que siente, lo que ama o rechaza, desde la pintura rupestre hasta los Preludios de Chopin, venimos sacando de las tripas nuestras pasiones y malestares y nunca ningún poderoso emperador, papa o general ha podido acallar al sentir humano.

Es imposible atrapar al aire entre las manos, siempre algo se escapa y vuela. Y eso es infinitamente auspicioso y sano para la vida en sociedad, ya que funcionan como “drenajes o fusibles para soportar el malestar en la cultura, para no desarrollar síntomas graves en nuestra vida neurótica cotidiana”, diría Freud clavándola en el ángulo.

Me despido con una frase del genio loco deAntonin Artaud, artista y dramaturgo marselles, gran lector de Rousseau: “Soy lo que vuela. Encadenadme y seré lo encadenado que vuela. Matadme y seré lo encadenado, muerto, que vuela…”.

Lic. Esteban Gomez Psicoanalista UBA
MN 25591 MP 25668

 

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