“Un hombre que no pasa tiempo con su familia nunca puede ser un hombre de verdad”, decía en 1972 Don Corleone a Johnny Fontane en la película El Padrino. La frase es tan polémica, como disparadora. Porque existe siempre una tensión entre lo familiar y lo social, político o laboral. En aquel film se centró sobre el hombre, pero desde aquí lo abordamos a partir de nosotras, de nuestras mujeres de Luján.

Y casi como si tomaran de referencia al personaje interpretado por Marlon Brando, hay un grupo de vecinas que recogieron el desafío y se conformaron como mujeres con todas las letras, mujeres posta, mujeres de verdad. Porque, además de la responsabilidad del hogar que recae como mandato social en ellas, también han podido encontrar otros momentos y nuevos espacios para pasar con sus familias, específicamente con sus hijas. Hablamos, ni más ni menos que de la militancia, el ámbito donde madres e hijas tejen vínculos atrapantes.

Madres e hijas comparten militancia política o partidaria en distintos espacios. Todas tienen historias y vinculaciones diferentes. Construcciones y legados dispares, con direcciones múltiples y diversas. Sin embargo, aún sin preguntarlo, todas cuentan que hoy existe un movimiento en auge que las volvió a unir más fuertemente, resignificando y fortaleciendo sus vínculos; el feminismo.

Comparten los mismos espacios de lucha pero fuera de casa, lo que les permitió conocerse de otra manera y verse como mujeres compañeras. Codo a codo y como iguales, forman parte de un nuevo movimiento en Luján, donde buscarán que las próximas generaciones sean protagonistas de la verdadera pesada herencia, la del empoderamiento de la mujer política.

En esta nota, Ladran Sancho recopila la historia de cuatro madres y sus hijas, sobre qué significa y cómo transitan la militancia juntas, y los horizontes que día a día las unen en el mismo camino.

Marisa y Lucía – CTD Aníbal Verón

El paso hacia la militancia se dio de manera contraria a la convencional: de hija a madre. De Lucía a Marisa. Foto: Julieta Brancatto

Por cuestiones generacionales y etáreas generalmente son las madres las que llevan consciente o inconscientemente a sus hijas a la militancia. En el caso de Lucía y Marisa fue al revés. “A todos les pasa el sos la hija de, de mí dicen: es la mamá de Lucía”.

“Es un proceso de empoderamiento mutuo. La militancia, más cuando lo hacés de piba es un poco como tu segunda casa. Yo encontré una aliada en mi vieja porque siempre milité con muchos hombres. Es bueno saberla compañera además de madre y mujer. No es nuestro caso, pero yo creo que si tenes una mala relación con tu madre la militancia te acerca”.

“A mi me parece interesante esto de construirnos en una relación de madre e hija atravesadas por la menor cantidad de patriarcado posible. Pude aprender a confiar en ella como persona y en la vida. Me deja soltar, que es algo que a las madres nos cuesta mucho. Y está bueno sentirla mujer y compañera además de hija”.

“Es un aprendizaje mutuo” resume Lucía.

Liliana y Lucía – Corriente de Unidad Popular

Comenzaron por caminos distintos pero más temprano que tarde, Liliana y Lucía se dieron cuenta que en realidad caminaban juntas por el mismo sendero. Foto: Julieta Brancatto

En distintos espacios y de maneras diferentes Lili y Lufe -como todos las llaman- se acercaron a la militancia. La coyuntura las llevó a participar de causas dispares, en un mismo momento histórico. “Fue Macri”, dicen entre risas. Pero fue la Asamblea de Mujeres en el armado del 8M, donde se encontraron compartiendo el mismo lugar.

“Yo aprendo muchísimo de ella. Podría hablar de lo que le enseñé pero es al revés, ella me está enseñando a mí un montón de cosas. Por ahí perdés más el rol de madre e hija y te conocés de mujer a mujer, como compañera. La verdad es que está re bueno porque tenés otra llegada, es una experiencia buenísima”, dice Lili.

¿Cómo es compartir ese espacio con mi vieja? repite en voz alta Lucía. “Y, yo me emociono siempre. Con cada cosa que pasa la quiero abrazar. Estoy muy emocionada con muchas cosas y tengo a mi mamá para abrazar, es ideal. Me parece que nos conocimos más a partir de la militancia. Se trata de compartir un ámbito distinto que te hace descubrirte de otra manera, otras facetas, otros pensamientos que por ahí no se dan en el ámbito familiar y eso reforzó el vínculo, o lo cambió al menos”.

Andrea, Agustina y Mercedes – Movimiento Evita

De la cuna al territorio: Andrea y sus hijas Mercedes y Agustina, militan desde muy temprana edad en el peronismo. Foto: Julieta Brancatto

Si uno escucha “las Evitas” sabe que se trata de las hermanas Torres y su madre Andrea Tessey. Es difícil no imaginarlas juntas. Son como un todo indivisible que en su van inconfundible recorren los barrios de Luján. Desde la cuna, las chicas mamaron la militancia de Andrea y tienen más que claro que se trata de su forma de vida, sabiendo la dificultad de imaginarse haciendo otra cosa. “Nacieron las chicas y les enseñamos: mamá, papá, Perón“, revela sin tapujos la cabeza de familia.

“Es que nos une la política”, agregan las chicas. Es claro. Su casa está repleta de pequeños detalles que dan cuenta de cuán atravesadas están por ella. “Creo que si algún día tenemos hijos, van a seguir la misma lógica. Incluso hace varios años mi mamá adoptó a nuestro hermano y él también se sumó. Sumarse a esta familia es sumarse al Evita”.

Es tan fuerte esa vinculación que resulta dificultoso imaginar a las Evitas lejos del movimiento. “Yo no concibo hoy no estar con ellas militando, no se me pasa por la cabeza”, admite Andrea. “Supongo que si ellas mañana se van a Alaska, harían el Evita Alaska. Incluso me cuesta pensar en compañeros que no militan con sus hijos e hijas. En nuestro caso este traspaso a la política digamos que se dio naturalmente. Elegimos esto las tres juntas”.

Jimena y Victoria – Comisión de familiares y amigos de detenidos desaparecidos Luján

Entre Jimena y Victoria no hay dudas sobre las consignas por las que luchan: memoria, verdad y justicia. Foto: Julieta Brancatto

Jimena y Victoria se conocen bien. Cada una tiene su propio espacio político, pero su historia familiar las unió en la Comisión de Familiares y Amigos Detenidos Desaparecidos Luján. Jimena es hija de Carlitos Fernández, uno de los 25 desaparecidos por la última dictadura cívico militar en nuestra ciudad. Ambas tienen un mismo objetivo: mantener encendida la llama de la memoria.

“En ese espacio estamos por mi papá, por su abuelo. Yo siento que ella es la continuidad de la historia. Está bueno compartir cosas respetando nuestros espacios, pero el momento del encuentro es importante. El encuentro es poder ver a mis hijas” dice Jimena.

“Estamos ahí porque hay un sentimiento común que nos atraviesa y yo entiendo a ella como una persona que estuvo siempre en la política, que me ha enseñado y me enseña constantemente aunque nos peleemos mucho. Y que pase lo que pase yo siempre la voy a escuchar. Se vuelve una referente a modo personal porque comparto mucho de lo que ella piensa” completa Victoria. O Totito, como su mamá la llama cariñosamente.

Sin embargo el aprendizaje no tiene una sola dirección, un sólo sentido. Con experiencias distintas y diferencias generacionales, la enseñanza se retroalimenta entre las dos. “Lo que ahora estoy aprendiendo más a la inversa de mis hijas es sobre el feminismo”, le confiesa Jimena a Victoria, quien inmediatamente apuesta a más: “Y creo que está bueno, la sociedad avanza y es super sano y natural que seas vos la que nos escuches a nosotras”.

Dice nosotras porque sus otras compañeras de vida, sus hermanas Catalina y Sofía, también son parte de esa historia de lucha, formación y militancia política que une a las cuatro mujeres de esta familia.

“Si hoy no estuviéramos ocupando los lugares que ocupamos sería una gran contradicción. Venimos de Carlitos y es innegable nuestro legado. Hay cosas que son imborrables en la esencia de las personas. Todas nos posicionamos en distintos lugares pero con las mismas convicciones y todo lo que heredamos de mamá. Tanto a mí como a mis hermanas nos rige la sangre”.

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