Sin dudas Michu es uno de los personajes más conocidos y queridos del Club Social y Deportivo Flandria. Queda demostrado cuando se acerca a la vereda de la sede social. Todas y todos los que pasan -sí todos- elevan su brazo y su voz para saludarlo.

Auténtico como pocos

Así podemos definir a Martín Ledesma. El Michu, como lo conocen todos y como él se refiere a sí mismo al mejor estilo Román Riquelme. Y si lo pensamos bien, en algún punto coinciden: en sus clubes, uno era futbolista y el otro es cantinero, pero los dos son auténticos ídolos.

Nos recibe en la cantina del club, como podía ser de otra manera porque ahí es donde se lo puede encontrar siempre. “Ésta es mi casa”, nos cuenta. En el ambiente todavía flota el olor a comida del mediodía, la cual es preparada artesanalmente por toda la familia.

En el televisor, a todo volumen está el último recital del Indio Solari en Olavarría. “Nuestro amo juega al esclavo/de esta tierra que es una herida/que se abre todos los días/a pura muerte, a todo gramo/Violencia es mentir” canta el ex líder de Los Redondos.

“Abrimos y cerramos escuchando al Indio”, dice Michu con orgullo, confesando que entre sus amores y pasiones también hay un lugar para la música. “Ojo, también escucho música clásica, El bolero de Ravel. Me encanta”, advierte. “Pero lo que más me gusta es el tango”, agrega mientras sonríe.

Foto: Julieta Brancatto

Entretanto nos acercamos a la barra de la cantina nos confiesa que en un rato va a prender el fuego. Michu convirtió al club en un espacio de congregación popular: quien pasa por la Avenida España de Jáuregui, se queda un rato para tomar una cerveza y comer algo. En estos días de calor, la parrilla está literalmente en la vereda, por lo que es difícil resistirse a la tentación que genera el olor a chori y a pizza.

Flandria: deportivo pero también social

“Conformar una gran familia a nivel social: ese fue uno de los objetivos de Don Julio”, reza la página web del club. Y Michu forma parte de ese sueño porque, no sólo es conocido por hacer los mejores choris del ascenso. Su amor por el Club Flandria fue y es clave en la reconstrucción y puesta en valor de la sede que comenzó a moverse independientemente del fútbol.

Hace diez años que Michu trabaja en la sede social. Todo comenzó con su famosa cantina, pero las labores se extendieron a todo el edificio. Poniendo el cuerpo y junto a la comisión directiva, reacondicionaron las canchas de pádel y la de paleta, la más grande de sudamérica.

Arreglaron la luminaria, cambiaron los techos, pintaron y sacaron pilas de basura que estaban por todos los rincones. Con el tiempo fueron sumando actividades deportivas, abrieron la sala de cine-teatro, una biblioteca y dos salas de estudio destinados al plan FinEs para terminar el secundario. “Mi señora se recibió acá” cuenta señalando una de las aulas.

Foto: Julieta Brancatto

“El tema era empezar a sumar gente, sumar actividades. Además con cada actividad que se hace también se suman socios”, dice mientras en el primer piso un grupo de personas aprovechan el gimnasio que abrió hace unos meses. “Para quien tenga una necesidad y ganas de laburar, siempre se hace un lugar”, confiesa.

Además hay clases de arquería, zumba, bochas, voley, fútbol femenino, yoga, tela, patín artístico, y kick boxing.

Michu no oculta su admiración por Don Julio Steverlynck, aquel que pensó y construyó cada parte del pueblo, incluyendo al Club Flandria. Le brillan los ojos cuando repasa la arquitectura del lugar: “El viejo era un genio. Si Don Julio hubiera estado vivo en esta época, con la tecnología que hay, esto sería Hollywood”.

La cantina: entre choris, familia y amigos

Foto: Julieta Brancatto

No importa si te conoce de toda la vida o si es la primera vez que te ve. Michu te recibe y te trata como familia. Ese sentido familiar es parte de todo el club y en la cantina se vuelve concreto ya que todos los Ledesma colaboran.

“Los chicos están todo el día acá porque nosotros estamos acá. Ayudan y además hacen actividades en el club. Por suerte puedo disfrutar de su infancia mientras trabajo. Eso es imborrable”, reflexiona.

Además de ir por los mejores choris del ascenso, tanto vecinos como visitantes van al club para conocer su famosa cantina y sacarse una foto con el cartel que reza “Cantina los hijos de puta”. Adivinando la respuesta nos animamos a preguntar el por qué de ese particular nombre.

“Soy fanático de Capusotto”, explica Michu. “Un día llamé a un amigo y le dije ´mañana arranco con una pizzería´ y me dice bueno capaz que voy a la noche. ¡No! venite a la mañana que hay que comprar todo. Teníamos delivery pero no teníamos teléfono, éramos como la pizzería los hijos de puta. Después lo trasladamos para acá y le puse Cantina los hijos de puta“.

Gracias a su buena reputación y sin dudas por su carisma, Michu es muy querido por quienes pasan por el club, incluídos los planteles de fútbol. Recuerda cada concentración en el club, cada viaje y por supuesto los dos episodios que más marcaron la historia deportiva del Club Flandria: el ascenso a la B metro en 2014 luego de descender y tener el Estadio Carlos V inundado; y el histórico ascenso a la B Nacional en 2015.

“Siempre tuve buena relación con los planteles y los cuerpos técnicos. Calculá que todos llevan al kinesiólogo, al psicólogo, todos médicos. Acá también llevan al cantinero” dice entre risas.

Además el club recibe visitas que buscan probar sus famosos choris y compartir una copa de vino o una cerveza con el cantinero más famoso de Jáuregui. Uno de ellos es Tití Fernández, quien fue a entrevistar a Michu para la televisión.

Nos muestra fotos que aún conserva en su celular y a cada una de ellas le acompaña una anécdota. “Cuando me vino a ver Tití Fernández me temblaban las piernas, le dije ´¡loco estoy más nervioso que chancho en diciembre!´”.

Foto: Julieta Brancatto

Hay tantas historias y detalles, que no pueden resumirse en esta crónica. Pero las puertas de la Cantina los hijos de puta siempre están abiertas para que Michu las cuente en primera persona.

“¡Vengan en la semana!”, nos grita desde la puerta del club mientras nos despedimos. “Las espero con una birra y un chori”, completa mientras sigue saludando vecinos y amigos. Ese es Michu, un ídolo de pueblo.

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