Todos los viernes los payamédicos se acercan al Hospital Municipal para acompañar a los pacientes y familiares que transitan el nosocomio. Entre risas, juegos y mucho color cambian el ambiente por uno más alegre y divertido: “La gente no sabe que nos llevamos más de los que damos”, señalan los paya.

Casi todos en Luján los vimos alguna vez “haciendo barullo” como dicen ellos, pero en el Hospital Nuestra Señora de Luján los payamédicos ya son parte del paisaje. Grandes y chicos se acercan para asistir a sus intervenciones y Ladran Sancho no quiso quedarse afuera.

“¡Hola amigas!” se escucha desde una puerta. Son los payamédicos que nos están esperando. Visten trajes coloridos especialmente confeccionados: “Usamos fucsia, verde manzana, amarillo, naranja y cian. Los colores oscuros o fríos denotan tristeza. O el rojo, sangre”, advierten sobre la ropa que ellos mismos arman.

Nos reciben mientras hacen el pase, una de las cuatro partes de la metodología de trabajo. Consiste en ver las historias clínicas de los pacientes para saber con qué van a encontrarse al momento de intervenir: “Vemos a qué habitaciones podemos entrar, si podemos entrar o no y a partir de ahí planificar nuestro trabajo”.

Luego se hace la intervención -que dura aproximadamente una hora-, un balance y el cuarto tiempo que sirve para repasar actualizaciones en base a investigaciones que realiza la asociación. En total, son cuatro horas de trabajo cada semana.

Foto: Julieta Brancatto

Payamédicos es una Asociación Civil sin fines de lucro fundada en el año 2002 por el Doctor José Pellucchi. Emulando a Patch Adams, también conocido como el médico de la risoterapia, están instalados en Luján desde 2012 interviniendo en el hospital, el Hogar Granja Padre Varela y un payadomicilio; además de participar en paseos, eventos y charlas informativas a las que son invitados.

“Nuestro objetivo es ayudar a desdramatizar el ambiente hospitalario. Hay una creencia general de que nosotros vamos para hacer reír, pero la realidad es que nosotros no hacemos eso, lo que queremos es producir con la persona. Queremos lograr que ellos se olviden de por qué están ahí, de los dolores y puedan descontracturarse un poco del ambiente que están transitando”.

Foto: Julieta Brancatto

-¿Cómo se produce con los pacientes?

-A los pacientes los llamamos producientes porque justamente lo que hacemos es producir con ellos: desde una sonrisa, hasta jugar a las cartas, a las encontradas, o simplemente un hola y chau pero desde lo potente. Siempre decimos que vamos con una hoja en blanco, nosotros no hacemos show.

– ¿A qué se refieren con potente?

-Mayormente a la especificidad del vocabulario. Porque hay algo tan básico como entrar a la habitación y decir “Hola, ¿cómo estás?”. Estoy enfermo, estoy triste, estoy internado, estoy por perder una pierna. Ahí les das lugar para que te digan que están mal. Por eso evitamos ese tipo de preguntas y hablar desde lo imaginario, como para moverlos del ambiente de donde están. Buscamos payasizar para -en un punto- salir de lo real y jugar desde ahí.

Foto: Julieta Brancatto

La misma puerta que se abrió para recibirnos se vuelve a abrir y es entonces cuando comienza la magia. En los pasillos la gente se suma para charlar y sacarse fotos con los payamédicos. El cambio de clima es instantáneo: color, ruido y risas ocupan cada rincón del hospital.

-¿Qué generan en los demás?preguntamos aunque la respuesta se puede adivinar.

-Fundamentalmente alegría, que nos esperan, que se ponen contentos cuando llegamos, porque la verdad es que somos medio barulleros. La mayoría de la gente nos recibe bien y en los pasillos también se prenden. En las habitaciones lo mismo, porque no está solo el paciente, sino también su ambiente familiar.

Ellos dicen que el hospital está payasizado. A pesar de la buena recepción y los gestos de sorpresa, señalan que no tiene nada de novedoso su presencia: “Sorprende no vernos”.

“Siempre venimos el mismo día en el mismo horario para no generar incertidumbre. También es súper importante conocer con quién vamos a estar, llamarlos por su nombre porque en este ambiente a veces se sienten cosa y no persona. Nos esperan, por eso tenemos que estar. Siempre”.

-¿Y a ustedes qué les pasa con lo que hacen?

-Mirá, la realidad es que la gente cree que venimos a dar algo, y en definitiva lo que no saben es que nosotros nos llevamos más de lo que damos. No sé si es egoísmo, pero nos vamos llenos. Sentimos alegría y satisfacción.

“Cuando no venimos lo sentimos, nosotros también esperamos a que llegue el viernes, esto es medio adictivo”.

Foto: Julieta Brancatto

No faltan las historias particulares: Una de las payas estuvo trabajando seis meses en el exterior y se volvió a sumar a las intervenciones el día de la entrevista. Dicen que el cuerpo habla y el de Agustina es un libro abierto. Está ansiosa y notablemente feliz de estar ahi.

“Payamédicos me cambió la vida por completo. Ellos son mi familia, así que cuando no lo tenés o no podés estar, se extraña. Mucho. Uno sigue a pesar de todo, el calor, el frío o lo que falte; estar siempre te llena más: te llena más las sonrisas, el estar, los compañeros. Payamédicos se trata también de eso. No sólo del paciente sino también de tus compañeros, y eso pasa por la calidad de las personas. Yo amo a Payamédicos”, dice con emoción.

Otra de las payamédicas vive en Navarro. Todos los viernes asiste a las intervenciones en el hospital. A pesar de la distancia o los obstáculos que pudiera tener, no se pierde una salida: “He gastado 1400 pesos en remis para venir, pero lo vale. Me voy completa de acá, sé que los viernes me llevo un montón de cosas que no consigo en otro lugar”, nos cuenta.

Son las siete, es hora de partir desde Payalandia hacia el Hospital Municipal. Es hora de cambiar dolor por sonrisas.

1 Comentario

  1. Me pone bien que haya gente que se ponga en el lugar de otra, cambiándole la vida, sabiendo que las reglas de juego de estas son duras, y su mundo esté limitado a algunas paredes y enfermedades. Es un acto genuino de amor, de hacerle bien al otro sin buscar algo a cambio (aunque sin quererlo se consiga la devolución). Y además, leyendo, se ve que uno se nutre fuera de la intervención, haciendo de una actividad sin fines de lucro, una verdadera responsabilidad, por los compañeros y por los producientes.

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