Reflexiones posibles acerca de lo sucedido con Lucía

Así como existen géneros literarios o musicales también coexisten en nuestra sociedad diferentes tipos de violencias.

Las más conocidas las descubrimos fácilmente en un golpe, en una herida o en una muerte. También las encontramos un poco más escondidas, en el insulto, la manipulación psicológica, las típicas psicopateadas de la persona que maltrata, pero algunas son demasiado sutiles para ojos y oídos no atentos. Se esconden en el prejuicio, en el ninguneo ideológico, en el desprecio, en el pago de un salario no digno y hasta en la sutil segregación de un silencio o de un esquive de miradas.

En las semanas que pasaron leí, escuché y presencié innumerables géneros de violencia en relación a la no-presencia de Lucía. Todos ellos se pueden enmarcar en el discurso del viejo amo: “el chisme” y del nuevo amo: “la necesidad de decir algo que nos de protagonismo” y si es con agresividad y violencia, mejor.

Las redes sociales, la tribuna del estadio municipal y el pasillo del supermercado se revelaron pletóricos de hipótesis que destilaban prejuicios y preconceptos. Aquellos que hacían foco en la familia y sus características, aquellos que aseguraban que estaba “con algún noviecito en González Catán”, otros mencionaban su pertenencia social y aquellos que denunciaban una compleja trama dedicada a la trata, encabezada por políticos y policías.

En medio de todo ese escenario, una familia desesperada por saber y una adolescente víctima de discursos violentos.

La pertenencia socio-económica, la forma de vestir o la estructura familiar de una persona no son bajo ningún punto de vista justificaciones de ningún tipo de violencias, mucho menos aquellas ejercidas sobre niños, niñas, adolescentes y ancianos, ya que son los más indefensos en toda estructura social.

Las ganas de participar de algún tipo de jurado nos hace decir y actuar de formas violentas.

El prejuicio social y los estereotipos están copando casi todo espacio de pensamiento crítico. No estoy pidiendo que todos los vecinos lean a Bauman o a Zizek, pensadores que se dedican a estos temas, sólo pienso que cada vez nos gusta más poner al otro, del otro lado.

El nuevo pasatiempo de buscar culpables, de poner afuera toda responsabilidad es peligroso porque nos seca mentalmente, elimina la metáfora y empobrece nuestro capital simbólico. Nos impone un pobre pensamiento binario: Boca-River, negros-chetos, K-antiK y tantas otras polaridades que nos están haciendo tanto daño.

Foto: Julieta Brancatto

Se construye con el otro, nunca contra el otro. Hacer desaparecer lo diferente nos resta diversidad social, ideológica y humana. Tres elementos fundamentales en toda transformación y evolución socio-económica y cultural.

Es cierto que las formas de producción y reproducción social se realizan directa o indirectamente desde los paradigmas hegemónicos, pero no es menos cierto que la intolerancia y las violencias hacia lo diferente hoy son uno de los paradigmas hegemónicos en el planeta.

Dallas, París, Frankfurt o Roma ya muestran claras señales de un neo-fascismo en crecimiento. Y lo más peligroso es que al presentarse sin ideología, se nos aparecen de manera sorpresiva en diversos envases: derecha, izquierda, cristiano, musulmán, judío, amarillo, rojo, azul y por qué no, transparente.

Propongo a nuestros lectores “libre-senti-pensantes”, (como nos nombra Galeano), realizar el ejercicio de, no solo visibilizar y denunciar prácticas violentas y discriminatorias del Estado, de los medios de comunicación y de los poderosos de siempre, sino preguntarnos frente al espejo si estamos atravesados por alguna de estas enfermedades sociales o si de manera consciente o inconsciente estamos reproduciendo discursos violentos.

Charles Bronson proponía en sus películas, la conocida doctrina hollywoodense en la cual la víctima termina usando las mismas armas que los victimarios, alguien que al fin ejerce aquello que denunciaba. Para concluir, contrapongamos la doctrina de nuestros abuelitos Mayas, que en su idioma Náhuatl y con una gran sabiduría compasiva, antiguamente se saludaban diciendo “INLAK’ESH” que significa “YO SOY OTRO TU, Y TU ERES OTRO YO”

Lic. Esteban Gomez
Psicoanalista-UBA
M.N 25591 M.P 25668

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, dejá aquí tu comentario!
Ingresá tu nombre

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.