Foto: Diario Crónica.

Los procesos históricos-sociales son como una pintura expresionista. Solo se puede apreciar y disfrutar de sus colores, formas  y  sentido  a  distancia.

Por tal motivo,  no creo posible que podamos dimensionar cabalmente los hechos político-sociales que sucedieron en estos últimos días en nuestro país. Pero sí podemos simplemente recordar y pensar  otros hechos de características similares que sucedieron en un tiempo que habilita la distancia operativa y la objetividad necesarias para su análisis.

Algunos políticos, analistas y periodistas se han empeñado en sugerir que estábamos a las puertas de un 2001. Sin detenerme en esta hipótesis, solo agregaría que, a mi humilde entender, tanto las condiciones macroeconómicas, políticas y geopolíticas en la región, como las sociales e institucionales son diferentes. Reflexionar sobre esto es muy importante, sobre todo para los miles de  jóvenes  lectores de este medio de comunicación, que por aquellos años tenían 8, 9 ó 10 años.

Marx aventuró una hermosa y profunda idea: “La guerra y la violencia son las parteras de la historia”. No hace falta ser historiador para saber que desde la revuelta de Espartaco, pasando por la revolución francesa, la  rebelión de los tártaros,  la revolución rusa y hasta la cubana ese concepto aplicaba a la perfección, incluso hasta hace algunas décadas. El poder, o si preferimos los poderosos de siempre,  aprendieron a esterilizar o diluir ciertos procesos  y manifestaciones sociales.

La sociología, el psicoanálisis y la lingüística de la actualidad ya hablan y estudian conceptos como: tecno-política, ciber-condicionamiento, big-data, inconsciente artificial, relato, post-verdad  y otros cientos de conceptos que expresan y ayudan a entender cómo el sujeto humano de la modernidad líquida es manejado sin darse cuenta por el gran hermano tirano-capitalista de siempre. 

Movimientos como El que se vayan todos, La Primavera Árabe, El Despertar Turco, Occupy Wall Street  y los Indignados de Madrid  son solo algunos ejemplos de esta nueva realidad. Porque me pregunto, ¿quién ganó en el 2001? Los de siempre. Los mismos que nos llevaron al 2001.

Aquellos que multiplicaron por cinco el valor de sus dólares. Aquellos que multiplicaron por cinco el valor de sus propiedades. Aquellos que multiplicaron por cinco y pasaron a cobrar títulos de deuda pública, que nuestros padres, nosotros y ustedes, los más jóvenes, tendrán que seguir pagando.

Ganaron los bancos nacionales y extranjeros, que cual procesión pagana medieval, cargaban en bolsas, dólares en efectivo rumbo a Ezeiza  y aquellos empresarios que licuaron sus deudas y créditos millonarios.

En el término “Los de siempre” incluyo a esos pequeños pajes o bufones de palacio, que siempre abundan en la historia humana, es decir “políticos profesionales y analistas del sojuzgamiento que son útiles, generando opinión, violencia, miedo y desconcierto en la ciudadanía”. ¡Atenti! No nos dejemos operar por los de siempre. 

Ninguno de los ganadores, estuvo en plazas y cortes del 2001, tampoco sus nombres y apellidos figuraron en la lista de muertos de esos tristes días. ¿Quiénes perdieron? Los de siempre.

La clase obrera, los jubilados, los que trabajan en negro, los pibes que están marginados, los empleados rurales, los desempleados, los estudiantes y tantos otros ciudadanos honestos que le pusieron el lomo y las tripas y hasta su salud mental a esa profunda crisis. Aún hoy 16 años después estamos recogiendo escombros.

A los más jóvenes les digo: Creí durante muchos años que “cuanto peor, mejor”,  que había que exacerbar las contradicciones del sistema para destruirlo. Hoy sé que “cuanto peor, peor” .

En definitiva, nuestra joven democracia tiene deudas pendientes, sobre todo una distribución económica y productiva equitativa e igualdad de oportunidades para todos los sectores.

Pero frente a esos desafíos, la violencia y la mentira son y serán  siempre funcionales al sistema hegemónico de poder, porque terminan legitimando la represión y recordemos: “A río revuelto, ganancia de pescadores…”. Entonces, no muerdas anzuelos.

Lic. Esteban Gomez- Psicoanalista

Mn 25591  MP 25668

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